Desde que en México entró en vigor el horario de verano (en 1996) me resulta sumamente complicado adaptarme a él, de hecho puedo afirmar que no lo logro, lo sufro desde el primer hasta el último minuto, siendo uno de los días del año mas esperados para mi el regreso al horario habitual, que en este año ya esta marcado en mi agenda para el domingo 26 de octubre. Este año, en busca tal vez de alguna razón más científica que apoyara mi malestar y habiendo tenido anteriormente contacto con la cronobiología, busqué más información sobre lo que me ocurría, encontrándome con un área de la psicología que desconocía y que me resultó sumamente interesante: la cronopsicología.
La cronopsicología es una disciplina que nace de la conjunción de la cronobiología y la psicología, provee un modelo de estudio y construcción del conocimiento contemplando los ritmos de las principales funciones y procesos fisiológicos y psicológicos presentes en la vida del ser humano. El objeto de la cronopsicología es el estudio de los ritmos psicológicos, mientras que la cronobiología estudia los ritmos biológicos.
En general podemos hablar de 3 relojes del ser humano:
- El reloj solar que proporciona una organización externa a nuestras actividades basada en los ciclos de luz y oscuridad, así como en las variaciones de la temperatura del ambiente.
- El reloj biológico, que provee una organización temporal endógena (interna) de los procesos vitales, tales como los ciclos de sueño-vigilia, la producción de hormonas, etc.
- El reloj social que nos proporciona pautas horarias de interacción con el medio y que en ocasiones entra en conflicto con nuestro reloj biológico llevándolo a situaciones que no son las esperadas por el organismo.
Cuando hablamos de la organización del tiempo en el hombre en cronopsicología estamos hablando de la forma en la que cada persona estructura estos tres relojes para elaborar un estilo particular de “vivir su tiempo”, es aquí donde aparecen los cronotipos, que podemos definir como tendencias persistentes de las personas a desarrollar sus actividades físicas y mentales con preferencias horarias específicas. Podemos distinguir tres cronotipos generales: matutino, vespertino e indistinto. Como los nombres lo señalan, los matutinos prefieren realizar actividades por la mañana, les es fácil levantarse temprano; los vespertinos prefieren realizar las actividades en la tarde-noche, les es relativamente sencillo desvelarse y para los indistintos no hay una preferencia marcada por alguna hora del día, les resulta “igual”. Los cronotipos tienen relación con la edad, aunque investigaciones recientes señalan que en parte están determinados genéticamente.
Desde el punto de vista fisiológico, las personas matutinas y vespertinas presentan diferencias, siendo la variación de la temperatura la variable mas estudiada al respecto; las personas matutinas tienen su pico máximo de temperatura corporal antes que los vespertinos (entre 1.5 y 3 horas). Desde el punto de vista psicológico, aún no se conoce con precisión el perfil de personalidad de las personas matutinas y las vespertinas, las investigaciones al respeto tendrán importantes aplicaciones prácticas en cosas como el diseño de horarios laborales, rendimiento de los deportistas, horarios de clases y estudio.
¿Qué pasa con el horario de verano? Impulsada por su reloj biológico mucha gente retarda la hora de acostarse involuntariamente, pero la hora de levantarse no es posible cambiarla, ya que los trabajos y escuelas no modifican sus horarios, lo que da como resultado menos tiempo de descanso. Las personas de cronotipo vespertino que tienen que levantarse temprano por situación escolar o laboral (como es mi caso) son a las que mas trabajo les representa adecuarse al cambio, además las que menos disfrutan de los beneficios, ya que, al retrasar la hora de acostarse el consumo de energía eléctrica en sus hogares no disminuye, se mantiene relativamente igual o incluso puede aumentar, ya que los aparatos como la computadora o la televisión pueden aumentar el tiempo que permanecen encendidos. De esta forma, aunque se registre un ahorro en el consumo de energía a nivel nacional, en mi micromundo no encuentro las bondades de esta medida, al menos ya tengo una explicación y justificación para ello.
Requiero con prontitud encontrar mucha informacion que justifique desde lo cientìfico y lo pedagógico si los jóvenes entre 12 y 18 años deben estudiar en la mañana o mejor en la tarde, de igual manera si los chicos entre los 5 y los 12 años aprenden mas y mejor en la jornada de la mañana o en la de la tarde que son las únicas que brindan los colegios aqui en la ciudad de Medellín.