Hace algunos días oía un comentario de una persona que, en tono francamente alarmista, declaraba que vivíamos la era del protagonismo y que todos éramos capaces de hacer cualquier cosa por nuestros cinco minutos de fama.La afirmación me pareció exagerada, principalmente por la alarma que quería transmitir y por lo absoluto del lenguaje usado: “todos”, “cualquier cosa”, sin embargo tiene algo de razón.No creo que sea algo nuevo, la novedad radica en que la gama de lo que puede hacer destacar a una persona es ahora mucho mas amplia y la inmediatez con que la información esta disponible en todo el planeta también hace el proceso mucho mas rápido; pero el deseo de destacar es el mismo,Pregúntate rápidamente ¿acaso no te gustaría ser reconocido en la calle por algo?, ¿nunca haz soñado con ser parte de una noticia importante, el titular de un periódico o algo similar?, ¿nunca te planteaste ser el mejor en X profesión, deporte, arte y ser premiado y reconocido por ello?.El deseo de ser único, de sobresalir, de ser reconocido, es tan antiguo como el hombre mismo y puede ser a la vez muy sano o patológico… como el hombre mismo.Para no irme a la alarma negativa veamos su lado sano:
- Lleva al ser humano a perfeccionarse, a aprender, a superarse.
- Provoca creatividad al buscar ser singulares
- Genera sana competencia entre las personas
- Ataca el conformismo y la apatía
- Saca al ser humano de su zona de confort, lo reta.
- Promueve la individualidad y, con ello, la responsabilidad personal.
¿Y lo patológico?, lo resumo en dos aspectos claves, podemos considerar ese deseo de destacar no tan sano cuando:
- Se convierte en el único propósito de vida, dejando de lado todo lo demás, y
- Como dijo el maestro en cuestión, se esta dispuesto a hacer “cualquier cosa por conseguirlo”