La meta en este mundo es ser felices, nos lo dicen desde pequeños y toda la vida se convierte en una carrera interminable por alcanzar ese concepto abstracto que para cada uno de nosotros significa cosas totalmente diferentes. Es como si la felicidad fuera la meta al final del camino de la vida y no una actitud y una conquista diaria, pareciera que se pudiera posponer su encuentro para mejor ocasión, para cuando las condiciones fueran las ideales, cuando ganemos mas dinero, cuando consigamos determinada meta, cuando alcancemos un objetivo, entonces si podremos ser felices.

De esto se aprovecha la mercadotecnia, la publicidad nos bombardea con "placebo de felicidad", nos la venden embotellada, de diferentes colores y de diferentes diseños, nos la venden disfrazada de poder, de reconocimiento social, de conquistas sexuales, de belleza, pero en cápsulas pequeñas que necesitan ser reemplazadas periódicamente por otras mas potentes.

El error resulta desde el planteamiento inicial, desde libro de la felicidadel  señalar la felicidad como la meta, el final del camino, el objetivo, porque entonces resulta inalcanzable, la vida se convierte en una carrera interminable. Pausa, preguntante en este momento ¿qué me puede hacer feliz hoy? y por otro lado ¿cómo puedo ayudar a los que me rodean a que sean felices hoy?, convierte la carrera interminable en una tarea diaria y colecciona felicidad diaria irreemplazable, que ni el mejor artículo comercia va a poder sustituir nunca.

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