Siempre he creído que el “dejarse llevar” es uno de los principales riesgos de los grupos. No importa si se trata de un grupo de amigos, de un grupo de trabajo, de un grupo familiar o d un grupo escolar.
El riesgo radica en que llega un momento en el que las cosas simplemente se dejan pasar, la mayoría deja que unos cuantos marquen la pauta de comportamiento y ello permanecen ocultos, sin opinar, sin oponerse, al menos en voz alta.
Si nos acercamos a los miembros de un grupo que esta en este estado seguramente se quejará, y mucho, del estado en el que están las cosas, nos hablará de o que se debería hacer y de todo aquello con lo que no están de acuerdo. Pero no le preguntemos por qué no hace algo para que la situación cambie, porque se perderá en excusas, evasivas o simplemente dará por terminada la conversación.
Los costos de dejarse llevar para los grupos invariablemente son muy altos, he visto grupos de amigos simplemente alejarse poco a poco por quedarse callados y callar sus inconformidades, he visto familias desintegrarse sumidas en el proceso de “aquí no pasa nada” y veo en las escuelas frecuentemente generaciones que se quejan de que hubieran podido aprovechar mas su paso por las instituciones, y se alejan con un sentimiento de inconformidad no expresada. Los líderes que jalan hacia abajo a los grupos, una vez que se adueñan del poder son difíciles de desterrar, pero no hay que olvidar que el papel del líder es buscar el bienestar y crecimiento del grupo y que, si eso no sucede el grupo tiene el derecho y la obligación, de hacer lo necesario para que la situación mejore.
Si te encuentras en un grupo que se esta sumiendo en la inercia recuerda que quejarte en lo individual no resolverá el problema, afrontar la situación tal vez no sea la forma mas cómoda y tranquila de vivir el problema, pero si es la única que te asegurará que hiciste todo lo posible por que el grupo creciera y se desarrollara.